Alcanzar la Felicidad

Alcanzar la felicidad
¡Compártelo con el Mundo!

Pepe, un empresario de éxito, fue a ver a un Maestro del que le habían hablado, pues quería alcanzar a la felicidad.

Él siempre había conseguido todo lo que se había propuesto; era un triunfador. Sin embargo, desde hacía un tiempo él se sentía vacío y triste. Sentía que no disfrutaba de las cosas, que la vida se le pasaba sin que nada le aportase un color distinto. Había probado de todo, dirigiendo durante muchos meses la mayor parte de sus esfuerzos a conquistar la felicidad. Sin embargo, se le estaba resistiendo, por primera vez en su vida.

Como no podía ser de otra manera, tuvo que hacer un gran viaje para encontrarse con el Maestro y tuvo que esperar bastante tiempo hasta que este le recibió. Sólo cuando Pepe estuvo con la disposición adecuada se produjo el encuentro.

El Maestro escuchó atentamente las explicaciones y sentimientos de Pepe durante más de una hora y, cuando éste terminó, le miró a los ojos durante unos largos segundos en los que sólo hubo silencio entre ellos. Finalmente el Hombre se arrancó:

– La mejor forma de encontrar la felicidad es observarte a ti mismo, Pepe, pues así podrás ver qué está pasando dentro de ti para que no seas feliz. La felicidad es tu estado natural, no tienes que hacer nada para experimentarla. Si no la sientes es que hay algo que la está bloqueando. Te voy a entregar un sencillo ejercicio. Es tan sencillo que no necesitas ser inteligente para hacerlo. Todos los días, pon tu atención a tu respiración y sólo a tu respiración durante 5 minutos. Hazlo 3 veces cada día. 

– Eso es muy fácil, Maestro. ¿Sólo se trata de eso?- Dijo Pepe.

-Sí, sólo eso- respondió el Maestro. – Observarás que tendrás serias dificultades para concentrarte en ella. Si eso pasa, es que estás haciendo bien el ejercicio. Fíjate bien en los pensamientos que distraen tu atención y vuelve a la respiración sin fustigarte por haberte distraído. Ven a verme dentro de un mes.

Pepe marchó a su casa y planificó meticulosamente la forma de poner en práctica el ejercicio que el Maestro generosamente le había entregado.

Durante el mes siguiente, todos los días prestó atención de forma disciplinada a su respiración en bloques de 5 minutos. Al principio se sentía ridículo pero, a medida que pasaban los días, fue comprendiendo el tremendo calado de la enseñanza del Maestro.

Cuando cumplió con la tarea encomendada, Pepe volvió a visitarle y éste se sorprendió gratamente al ver la transformación que el hombre había experimentado. Se sentaron el uno frente al otro y Pepe comenzó a hablar:

– Nunca pensé que algo tan insignificante pudiese enseñarme tanto, Maestro. Gracias al ejercicio que usted me regaló, me he dado cuenta de las razones por las que la vida pasa por delante de mis narices sin que le preste la mínima consideración. He comprendido por qué no soy feliz.

– ¡Qué interesante, Pepe! Cuéntame más…- dijo el Maestro mostrando avidez por escuchar las palabras del empresario.

– Cada vez que ponía atención a mi respiración, mi mente volaba hacia cosas relacionadas con mi trabajo: nuevas ideas, cosas pendientes de hacer, formas de resolver los problemas, nuevos clientes a los que ofrecerles mis servicios, etc. En cada bloque de 5 minutos pasaba más de 4 minutos pensando en trabajo, aproximadamente 30 segundos pensando en otras cosas y tan sólo 10-15 segundos atento a mi respiración. Uno de los días, mientras hacía el ejercicio, tuve una revelación: Si mi mente vuela irremediablemente hacia el trabajo durante un momento de relajación en el que conscientemente estoy dirigiendo mi atención tan sólo a una cosa, ¿cómo será cuando no hago el mínimo esfuerzo por dirigirla? Al responder esta pregunta, me di cuenta de que no disfruto de la vida porque me paso el día trabajando, incluso cuando no estoy en la oficina: mientras me ducho, trabajo; mientras ceno con mi mujer y mis hijos, estoy trabajando, pues, sin darme cuenta, pienso en las cosas que han pasado en el día; cuando estoy con los amigos estoy trabajando: les cuento o mis planes para hacerme rico; cuando doy mi  paseo matutino por el parque para cargarme de energía, estoy trabajando pues pienso en las cosas que haré durante el día. ¡Trabajo durante todo el tiempo que estoy despierto!. La vida ocurre delante mío, pero yo estoy demasiado ocupado en trabajar como para prestarle atención. Como usted bien dijo, Maestro: “La felicidad es tu estado natural. No tienes que hacer nada para experimentarla. Si no la sientes es que hay algo que la está bloqueando”. Dio en el clavo: mi exceso de atención al trabajo me priva de atender a las cosas que la vida me regala y que le dan color a mi existencia.

El Maestro miró orgulloso al hombre, sabedor de que éste había encontrado la Piedra Filosofal:

– Mi Querido Pepe, has hecho un gran descubrimiento. ¡Te felicito! Las respuestas están en tu Interior. Obsérvate y serás feliz.

P.S.: Esta historia es ficción, pero podría ser tu propia historia. Durante las clases regulares de desarrollo personal hacemos ejercicios de este estilo. Si Pepe pudo darse cuenta de algo tan importante, seguro que tú también puedes hacerlo. ¡Te invito a que te inscribas hoy mismo!

1 Comment

  1. Gracias por esta lectura, lo necesitaba, ayer justifique no tener tiempo para dedicarme a conversar con mi madre, por que para mi el tiempo es oro y necesito trabajar para tener dinero y como estoy sola y mis hijos necesitan, si ella mi madre me pide a gritos que me siente con ella a escucharle y hace algunos dias, siento que me hace falta fortaleza, tengo un vacio, y quiero buscar en mi interior el vacio que me impide encontra la tranquildad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

veces compartido

¿Quieres recibir de mis artículos en tu email?

¡Seguro que te resulta más cómodo!

¡Suscríbete a este blog!