Conócete a ti mismo

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Uno de los pasos adelante más importantes que uno tiene que dar si está comprometido con su crecimiento personal es aprender a diferenciar qué energías provienen de uno mismo y cuáles provienen de agentes externos (personas, lugares, la sociedad, etc.)

¿Cómo quieres aprender a saber qué quieres si no eres capaz de identificar qué proviene de ti y qué proviene de otros? Diferenciar qué proviene de ti y qué proviene de fuera es un proceso que puede llevar años, si quiere hacerse bien. Pero, si te esfuerzas, en cuestión de algunos meses puedes tener los primeros resultados.

¿Qué tienes que hacer? Conócete a ti mismo.

Puedes pensar que hay ciento un mil atajos para saber qué quieres de verdad, pero te darás cuenta de que, al final, todos están tapiados. Menos uno: el del Autoconocimiento.

La única manera de identificar cuándo es una energía externa la que te está dominando es tomando consciencia de cuáles son tus energías. Si yo sé que tengo dentro, me es más fácil identificar un “cuerpo extraño”.  Si un día llegas a tu casa y, de repente, encuentras en el salón a un señor que no tienen nada que ver con tu familia, te das cuenta al instante de que ese elemento no forma parte de tu casa. Eso ocurre porque conoces bien tu casa y las personas que la integran. Tu Interior es una casa con cientos o miles de habitaciones. Pero sólo conoces unas pocas. Tienes consciencia de los elementos que hay en 5 ó 6 de las ingente cantidad de estancias que componen tu ser. Si alguien coloca un cuadro en una de esas habitaciones que ni siquiera sabes que existen, no te vas a enterar. Y el día que entres a inspeccionarla no sabrás si fuiste tú quien lo puso ahí.

Si quieres identificar cuándo es una energía externa la que está dominándote, sólo tienes un camino: conócete a ti mismo.

Y no es que me lo esté sacando de la manga. En la antigua Grecia, un señor llamado Sócrates decía que era la base de su forma de vivir. Nosce Te Ipsum, decía. Si lees un poco sobre las vidas de otros grandes de la historia como Leonardo da Vinci, Einstein o Abraham Lincoln te darás cuenta de que todos ellos usaban ese principio como sustento sobre el que se apoyaban su vidas.

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