Desear de las cosas Corazón

El deseo lo es todo
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Visitar ciudades diferentes siempre me pone en una onda distinta. Me aporta claridad y me equilibra. Mientras escribo estas líneas estoy en Viena disfrutando de unas merecidas vacaciones (y de un frío del carajo) y vienen a mí inspiradoras ideas que parecían haberse perdido por el camino. Vuelvo a reconciliarme con importantes compromisos que adquirí en momentos de gran claridad mental y deseo sobre todas las cosas no volver olvidarme de ellos. Y es que la vida, vista desde la óptica de la Magia, es ilusionante y maravillosa, te sorprende constantemente y todos los acontecimientos encajan a la perfección.

Siento que en los últimos meses he perdido esa mágica conexión con la vida. Quizás por esa razón este blog ha estado menos vivo. En este tiempo he sentido que me ha faltado algo. He seguido hacia adelante como si nada, haciendo mi trabajo y cumpliendo con todos mis compromisos. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que me faltaba brillo en los ojos cuando hace semanas me miraba al espejo. Y también me doy cuenta de que, al salir de casa por las mañanas, no tenía esa sensación de ligereza que aporta la ilusión. Me sentía cansado, pesado, mustio. En global, sentía como si hubiese dejado de ser importante para el Mundo, como si hubiese dejado de recibir sus “favores especiales”, de escuchar sus susurros. Y es que ahora que lo miro en perspectiva, en realidad, ha sido así. El Mundo favorece a los que hablan su Lenguaje, básicamente porque sólo éstos pueden escuchar sus palabras. El resto no oyen nada.

Puedo estar “enchufado” al Mundo o no estarlo. Es una decisión. Lo he visto claro. Y la vida avanza abriéndose camino independientemente de cuál sea la opción que escoja. Donde de verdad se nota la diferencia entre una alternativa y otra es en el color que toma la vida, en esa fuerte sensación de estar andando el camino adecuado. Y esto, para mí, no tiene precio, pues enriquece tanto la experiencia de vivir que es como si la bañase en el oro más valioso del mundo.

El haber tomado aire fresco gracias a las vacaciones me ha servido para darme cuenta de una cosa que me resulta ilusionante: El Mundo responde rápido si el deseo es sincero. Es su manera de decirte que vas por el buen camino. ”La suerte del principiante” como algunos lo llaman.  Y es que lo he visto clarísimo: del deseo parte todo. Pero hablo del deseo del Corazón y no del de la mente, de ese deseo profundo que es algo más que un mero pensamiento. El deseo de la mente me lleva  a una espejismo efímero, a algo etéreo que no se sustenta en nada. El deseo del Corazón es la piedra más sólida sobre la que puedo sustentar mi existencia. Es robusto y cambia conmigo. Si le doy un lugar preferencial, me sostendrá sin condiciones, pues forma parte de lo más profundo de mi ser. Pero si antepongo otra cosa, sea la que sea, me sustentaré sobre ella. Y puede ocurrir que no sea suficientemente fuerte. Entonces quebrará y caeré.

Por eso deseo de Corazón “enchufarme” al Mundo, escuchar sus palabras y mirar la vida con la gama de colores más amplia posible.

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