El juego de No Criticar

El juego de no criticar
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Criticar a otros es una costumbre que forma parte de nuestra educación. Lo hemos visto desde pequeños y, puesto que nos parece algo de lo más normal, lo hacemos constantemente. Pero no por ser normal se trata de algo beneficioso. Todo lo contrario. Criticar a los demás es uno de esos hábitos perjudiciales que dificulta el avance de la vida. Yo lo veo como un lastre silencioso; te acompaña cargándote con un gran peso, pero no resulta molesto pues no tienes la referencia de cómo sería la vida sin ello.

En este artículo te voy a presentar un juego que puede ayudarte a liberar ese peso y a sentirte ligero, con la sensación de que avanzas por un camino sin obstáculos.

Pero primero, para que se comprendan mejor los beneficios del juego, voy a hablar de algunas de las consecuencias que tiene criticar.

Algunas consecuencias de criticar

  • Cada crítica que haces, tanto a los demás como a ti mismo, es como una piedrecita que te metes al bolsillo, va aumentando poco a poco tu peso hasta que te cuesta mucho moverte.
  • Criticar te desconecta de la vida poco a poco, silenciosamente, sin que te des cuenta de ello. De pronto, un día sientes que la cosa no va y no sabes por qué. Todas las críticas que hiciste tienen una gran responsabilidad en ello.
  • Cada vez que criticas induces en tu mente una tendencia de pensamiento negativa. Es decir, cada vez que criticas tienes cierta predisposición a pensar negativamente frente a un hecho concreto. Y, por tanto, las opciones se reducen. Pensar positivamente amplia el abanico de posibilidades y hace que entres en una tendencia que lleva tu vida a un escalón superior.

 

Vamos al juego: El Juego de No Criticar 

Este juego consiste en no criticar a nadie durante el mayor tiempo posible. Se trata de ver cuánto tiempo eres capaz de aguantar sin criticar a otros ni tampoco a ti mismo.

Conviene aclarar primero cuándo se está criticando:

  • Cuando le dices a alguien que no ha hecho algo bien.
  • Cuando te dices a ti mismo que “eso no estuvo bien”.
  • Cuando hablas de aquello que alguien hizo que no te gustó.
  • Cuando te quejas por la situación.
  • Cuando le dices a alguien que no critique, aunque te esté criticando a ti.
  • Cuando te dices a ti mismo lo mal que está eso que ha hecho esa persona.
  • Cuando le dices a alguien que eso lo puede hacer mejor.

Las reglas prohiben criticar. Si lo haces, comienzas de nuevo a contar. Está prohibido, incluso, hacer bromas metiéndose con alguien, pues la broma siempre lleva asociada una espina oculta.

Hay muchas formas enmascaradas de criticar y las usamos constantemente. No te engañes a ti mism@.

 

Desarrollar el hábito de alabar.

Para enriquecer y facilitar este juego, paralelamente, se puede ir desarrollando el hábito de alabar. Se trata de sustituir la crítica por la alabanza. Cada vez que vayas a criticar a alguien, incluso a ti mismo, no lo hagas. En vez de eso, elogia a la persona, aunque solo sea dentro de ti. Busca algo por lo que puedas alabarle.

Siempre hay algo por lo que puedes alabar a alguien, aunque sea una tontería. En vez de criticar a la persona, elógiala.

Cada vez que alabes en vez de criticar, estás mejorando la autoestima de tu entorno y, cuando hagas eso, tu entorno mejorará. Seguro. Y tu vida será más satisfactoria.

 

Toma nota de tus resultados

Apunta tu mejor marca y trata de batirla. ¿Cuánto tiempo eres capaz de estar sin criticar?  ¿una hora? ¿tres? ¿un día entero? ¿una semana? Conozco a una persona que se jacta de no haber vuelto a hacerlo.

Notarás que en presencia de ciertas personas es más fácil no criticar. También notarás que en presencia de otras tu tendencia a hacerlo se dispara. Es aquí donde tienes que hacer un esfuerzo mayor.

 

La experiencia del Señor J. con “El Juego de No Criticar”

El señor J. es una persona con la que he trabajado. Durante mucho tiempo ha ensuciado su vida con críticas constantes, tanto a sí mismo como a los demás. Cuando le propuse este juego le pareció una tontería, pero le dije que confiase en mí y que lo hiciese, que tendría resultados beneficiosos para él. Aunque lo hizo a regañadientes, aceptó y se comprometió.

Pasado un mes volví a verme con el señor J. Me sorprendí mucho cuando le vi entrar por la puerta. Su presencia era totalmente distinta. Se le veía relajado, sonriente, más maduro… en definitiva, mucho más contento.

– ¿¿Qué te ha pasado Señor J.?? ¡Te veo muy bien! – Le pregunté.

– Bobby, como hablamos, me puse a jugar al “Juego de No Criticar”. Al principio me sentía un poco raro y poco confiado en los resultados que podría aportarme el ejercicio. Pero decidí darle una oportunidad. Los primeros días aguantaba pocos minutos sin juzgar, pero poco a poco fui espaciando mis críticas. A medida que iba aguantando más tiempo me fui sintiendo mucho mejor, como más liberado. Cuando criticaba me prometía a mí mismo que la próxima vez aguantaría todavía más tiempo. Y así, poco a poco, conseguí estar hasta 5 días seguidos sin hacer una sola crítica, ni a los demás ni a mi mismo. Pero, Bobby, lo que creo que de verdad consiguió marcar la diferencia fue el hecho de sustituir la crítica por la alabanza. No te lo vas a creer, pero fue como si, de golpe, hubiesen desaparecido todos mis problemas. Me di cuenta de que cuanto más critico a algo, más defectos le veo y, por tanto, lo convierto en algo peor para mi. Sin embargo, cuanto más alabo algo, más virtudes le veo y, por tanto, lo convierto en algo mejor para mi.

– Cuéntame, ¿Qué te decías para no criticar? – le pregunté tratando de comprender cómo lo hizo.

– Cuando me daba cuenta de que iba a criticar a mi hijo por sus faltas de atención, me frenaba y me decía algo positivo sobre él. Por ejemplo: “¿Has visto lo constante que es? Todos los días hace sus tareas de la escuela durante varias horas. ¿Y has visto qué ojos más brillantes tiene?¡Rebosa ilusión!¿Te has dado cuenta de cómo se levanta por las mañanas sin rechistar cuando suena el despertador? Seguro que se quedaría durmiendo hasta las 12 de la mañana, pero se levanta sin decir ni una palabra. ¡Tú no eres capaz de hacer eso!” Después de decirme esto no podía criticarle por sus faltas de atención pues, sencillamente, veía que no eran tan importantes o que, incluso, estaban justificadas por su cansancio: tantas horas de colegio, el trabajo en casa posterior, los madrugones…

– Seguro que tienes más ejemplos, Señor J.

– Sí, efectivamente, Bobby. ¡Y esta vez tienen que ver conmigo mismo! Atendiendo a las reglas que me dijiste, también he puesto atención en no criticarme. Me ha sorprendido mucho cuántas veces al día lo hago. ¡Me critico a mí mismo mucho más que a los demás!¡Sin duda!  Por ejemplo, me critico mucho por no poder hacer más cosas al día. A veces tengo la sensación de que voy muy lento y de que no hago suficiente. ¡Y me lo recrimino! Cuando me vi haciéndolo, intenté alabarme, pero la crítica era más fuerte y me impedía ver que tenía cosas por las que elogiarme. Pero me paré y me dije: “¿De verdad quieres batir tu marca personal de aguantar sin criticarte? Si no encuentras virtudes por las que felicitarte lo vas a tener complicado…”. Me agarré a ello y no tuve más remedio que ponerme frente a frente con mis cosas buenas. Y vi muchas Bobby. Esto me ayudó a ser más benévolo conmigo mismo. Me di cuenta de que soy la persona que me hace la vida más difícil. Me trato peor a mi de lo que trato a los demás.

– Señor J., te felicito por haberte dado cuenta de eso.

 

A por ello. ¿Cuánto tiempo eres capaz de estar sin criticar?

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