El riesgo de mostrarme tal y como soy

yo
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Con el afán de ser un profesional como la copa de un pino en el mundo del desarrollo personal, periódicamente me formo para adquirir nuevas habilidades y nutrirme de nuevos puntos de vista.

Actualmente estoy cursando una formación que está siendo muy útil para mi trabajo con las personas.

Este tipo de formaciones son muy prácticas. Uno se pasa la mayor parte del curso aplicando ejercicios y técnicas. Se trabaja desde los dos puntos de vista: como cliente y como profesional. El objetivo es que el cerebro aprenda los fundamentos de la técnica para, a posteriori, poder aplicarla a partir del aprendizaje personal que se haya sacado de ella. Una misma técnica puede impactar de forma distinta en dos personas y, por tanto, sus aprendizajes serán distintos.

El caso es que uno de esos ejercicios sobre los que trabajé supuso para mi una revelación.

Me dio justamente donde más me dolía. Atacó a mi línea de flotación. Francamente, un ejercicio de estas características era lo último que esperaba hacer durante este curso. Pero allí estaba, esperándome. No había forma de escaparse. Una persona, de la que aprendí mucho, solía decir que lo que no sorprende no enseña. Para mi, fue sorprendente encontrarlo allí.

El ejercicio en cuestión lo realizamos al principio del curso, cuando los alumnos a penas nos conocíamos. Consistía en sentarse por parejas, uno frente a otro, y mirar a los ojos del compañero durante varios minutos, notando la presencia de uno mismo en aquel lugar. No se podía decir nada. Sólo mirar a los ojos y sentirse a uno mismo. El objetivo era captar detalles sutiles en el compañero.

He de decir que tuve muchas dificultades durante los primeros minutos. Varios pensamientos trataron de tomar el control. A ratos lo consiguieron. Me decía a mí mismo cosas como:

-¡Qué vergüenza!

– Esta persona se va a sentir intimidada con mi mirada.

– ¿Y si ve algo de mi que no le gusta?

– Me va a descubrir.

En realidad, tenía un miedo terrible a que viesen algo de mi que no quiero que la gente vea.

Hubo varios momentos en los que mi parpadeo era más fuerte y frecuente, quizás para ocultar lo que se podía ver a través de mis ojos. Tuve que retirar la mirada varias veces, pues no podía aguantar la presión interna que infringía mi mente.

Me costó mucho calmarme, pero, finalmente, lo conseguí.

Gracias a mi inquietud, entendí por qué era tan importante notar la presencia de uno mismo en aquel lugar. Así, uno podía centrarse en sí mismo y dejaba de prestar atención a esos molestos pensamientos que dificultaban la realización del ejercicio. Centrado en uno mismo y con el ruido mental silenciado a lo máximo posible, uno puede percibir la sutilezas del mundo que le rodea, inclusive, percibir a las personas tal y como son. Con sus cosas buenas y sus aspectos a mejorar, pero siempre sin un juicio de por medio. Centrado en uno mismo el juicio no es posible, porque se considera como un pensamiento.

Al final, aquel ejercicio, a pesar de estar puesto a mala leche, resultó ser una bendición.

La segunda parte del ejercicio consistía en contar al compañero lo que habíamos percibido. Aquí es donde vino la lección.

Hice el ejercicio con dos personas distintas y las dos personas vieron cosas muy bonitas de mi, pero también vieron cosas feas. Esas que trataba de ocultar, las vieron. No pude ocultárselas. Mi mirada desnuda habló por mi.

Mi lección fue clara: Lo que hay es lo que se ve, incluso cuando te piensas que lo estás ocultando. No soy un prestidigitador que se dedica profesionalmente a esconder objetos a los ojos del gran público. Soy un ser humano, energía con patas y se ve a la legua lo que tengo dentro, incluso cuando dedico la mayor parte de mis energías y esfuerzos a ocultarlo. Mi mirada habla por mi. Sólo puedo silenciarla con unas gafas de sol.

Lo que hay dentro de un ser humano es bello, basta con mirar la belleza del mundo que le rodea. No deja de ser una manifestación de lo que éste tiene dentro.

Desde aquel día, trato de no ponerme máscaras, trato de expresar todo lo que siento con mi rostro y con mi cuerpo. Muchas veces lo consigo. Otras no. Pero ahí sigo, persistiendo para ser lo más auténtico posible y el más fiel reflejo de lo que llevo en mi corazón, sea bueno o malo.

El mayor riesgo que puede asumir un ser humano es mostrarse tal y como es. Yo estoy decidido a asumirlo. Este soy yo y esto es lo que dicen mis ojos:

bobby diaz

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8 comments

  1. Hola! muy interesante la verdad. Ayer mismo estaba hablando de esto con mis compañeras de clase, estoy dando un curso de comunicación digital, y claro nada de poner temas escabrosos cuando de una empresa se trata o si dejas al descubierto tu perfil a otras personas, que no sean tu amigos. Y claro, que pasa? que no puedo opinar?? y mi libertad de expresión? . Soy una persona que con el tiempo he aprendido a aceptar la opinión de los demás aunque no me guste, así mismo entiendo que mis opiniones no tienen por que gustar a todo el mundo. ( Aunque intento estar con la mente abierta , para comprender, y si tengo que cambiar lo que yo pensaba, pues lo cambio… ) No siempre tengo que llevar la razón. El diálogo es fundamental. Quiero que las personas que estén conmigo se muestren como son, sin miedo a que a mi me guste o no, se puede conversar relajadamente.
    Gracias por tu Post.
    Un saludo.

    1. Hola Erika,

      Muchas gracias por un comentario tan interesante. Desgraciadamente, el mundo de la empresa es un ambiente hostil en lo que respecta a las relaciones humanas fuera del círculo cercano. Aunque es un mundo que está en pleno proceso de evolución. Tiene que adaptarse a los cambios que está experimentando la gente. Me sentiré muy feliz el día en el que la gente pueda mostrarse en su trabajo tal y como es sin miedo a que se use lo que tiene en su interior como un arma que se le pueda volver en contra.

      Un abrazo muy fuerte con mucho cariño

  2. Bobby! Ole y ole! Muy de acuerdo contigo. Muy interesante este ejercicio, que es una metáfora de como nos enfrentamos con lo que tienes enfrente, con el/la que tienes enfrente. La mirada puede decirnos todo. Y aunque intentemos “ocultar” nuestro yo, al final (tarde o temprano ) al ser humano se le “lee”. Siempre he intentado ser yo misma. Bueno, miento. Creo que con el paso de los años, he ido “increcendo” en el asunto, e incluso puede que ahora me pase de transparente. No se si es bueno o malo, o quizá es mejor no enseñarlo todo (como se dice en otros contextos: “es mejor insinuar que enseñar”). Enseñar “tus cartas” puede volverse en tu contra, sobre todo porque nunca sabes si el que te está mirando a los ojos va a hacer trampa, o ir de farol. De todos modos, insisto, estoy totalmente de acuerdo contigo: apuesto por la verdad, la fidelidad a ti mismo, pase lo que pase y sea con quien sea. Grande Bobby!Un abrazo

    1. Muchas gracias Silvia. Me alegro mucho de que te haya gustado. Y más me alegro de que apuestes por la verdad y la fidelidad a ti misma.

      Un beso fuerte!

  3. Impactante!!!!
    Aunque la foto del encabezamiento y del pié del artículo es la misma, no tiene nada que ver lo que transmite una y otra.
    Cuando he visto la primera foto lo único que he pensado es “que guapo es”. Después he leído y al ver la segunda, como que me ha dado un vuelco el corazón por lo mucho que me transmitías; era como si estuvieras ahí diciéndome cosas con los ojos.
    Eres un crac.
    Te quiero

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