El anfitrión y sus huéspedes

casa de huespedes
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Decía Rumi, un poeta persa del siglo XIII, que:

Esto de ser un ser humano
 es como administrar una casa de huéspedes. 
Cada día una nueva visita, una alegría, una tristeza,
 una decepción, una maldad,
 alguna felicidad momentánea
 que llega como un visitante inesperado.

Dales la bienvenida y acógelos a todos ellos,
 incluso si son un grupo penoso
 que desvalija completamente tu casa.
 Trata a cada huésped honorablemente, pues 
podría estar haciendo espacio para una nueva delicia.
 El pensamiento oscuro, lo vergonzante, lo malvado,
 recíbelos en tu puerta sonriendo e invítalos a entrar.
 Agradece a todos los que vengan, 
pues se puede decir de ellos que han sido enviados 
como guias del mas allá.

Y es que sin duda, cada día, cuando nos levantamos, tenemos la oportunidad de corroborar lo que expresa este texto: que nuestro interior está habitado por uno o varios visitantes, habitualmente, distintos cada mañana.

En mi caso, por las mañanas, cuando ya estoy espabilado, suelo hacerme la siguiente pregunta: “¿Qué me habita hoy?” Miro dentro de mí y observo durante un rato. Hoy, en concreto, he observado que mi huésped era un poco inquieto. Dado que me iba a acompañar durante todo el día, he decidido que lo más adecuado sería usar con él un lenguaje sosegado y tranquilizador. No daría importancia a las cosas que me dijese, pues, dada su inquietud, sin darse cuenta, se esforzaría por hacerme ver problemas donde no los hay. Sería importante estar alerta para no contagiarme de su agitación. Durante el día, le he dejado campar a sus anchas, observándole. He tratado de aprender de él todo lo posible. Quizás mañana el huésped sea otro. O a lo mejor repite. O se le une otro nuevo. Sea como fuere, un día será el último que este “huésped inquieto” estará conmigo y ya no podré aprender más de él.

Observar al huésped me ayuda a recordar que hay alguien que observa: yo mismo. Y me recuerda, también, que hay una casa que está siendo habitada por un extraño. Esa casa es mi mente.

Un paso muy importante para llegar a lo más profundo del Corazón y ver el contenido de su Cámara Secreta, es percibir la diferencia entre los huéspedes y el dueño de la casa. La mayor parte de nuestro tiempo andamos pensando que somos el huésped. Así no hay anfitrión. Si somos el huésped, y decidimos mirar el contenido del Corazón, estaremos indagando en el Corazón equivocado. Podemos acabar volviéndonos locos, pues su contenido será distinto cada día. Cambiará con cada huésped.

Eres algo que está más allá de tus pensamientos negativos. Si eres capaz de verlo, estarás percibiendo la diferencia entre el huésped y el dueño de la casa. Eso te ubica, automáticamente, en un lugar muy cercano al meollo del asunto. Si es tu caso, te felicito. Si no lo es, calma. Con esfuerzo, acabará por llegar.

Foto: Old colonial house. Lee Frost.

2 comments

  1. Hola Bobby,

    Me ha parecido un artículo muy revelador, y al mismo tiempo muy útil como todos los que escribes :).

    Hago inciso en el párrafo donde comentas: “Un paso muy importante para llegar a lo más profundo del Corazón y ver el contenido de su Cámara Secreta, es percibir la diferencia entre los huéspedes y el dueño de la casa. La mayor parte de nuestro tiempo andamos pensando que somos el huésped. Así no hay anfitrión”

    Y, al no haber anfitrión… todo es un caos en aquella casa que en teoría es nuestra. Pienso que andamos pensando que somos huéspedes de nuestra propia casa, de nuestra mente, por una sencilla razón: el miedo.

    El miedo como sabrás, es una de las emociones más aflictivas. Se nos instala muy en nuestro corazón y, ésta emoción mal gestionada nos convierte en personas desanimadas, aletargadas, nos hace caminar sin rumbo, nos invade la desazón… nos desilusionamos por la vida.

    La pregunta que nos hacemos nada más despertarnos: “¿Qué me habita hoy”, puede cambiar el rumbo de nuestro día, nuestro estado de ánimo. Y es que, pienso que hacernos este tipo de preguntas nos ayudará a ver más claro si somos huéspedes o dueños de nuestra casa.

    saludos,

    1. Hola Guillermo,

      Te pido disculpas por el retraso en la respuesta. He tenido unos días en los que he estado centrado en otras cosas.

      Muchas gracias por tu comentario. Como siempre, una gran aportación.

      Un abrazo muy fuerte!

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