¿Se puede gustar a todo el mundo?

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A todos nos agrada gustar, nos encanta que nos digan lo bien que hacemos las cosas y lo maravillosos que somos. Es una sensación muy satisfactoria, pues nos sentimos aceptados por el grupo, y, por tanto, pasamos a forma parte de algo más grande, nos sentimos protegidos, fuera de peligro.

Sin embargo, lamento decirte que no podemos gustar a todo el mundo. Ni siquiera las celebrities lo hacen. Piensa en un famoso al que admires, alguien que sea lo más para ti. Busca su nombre en Google. Verás que aparecen entradas a favor y otras en contra. Lo mismo pasará si buscas el nombre de un deportista famoso o de un actor o actriz. Todos tienen detractores y todos tienen seguidores acérrimos. Y se supone que son un ejemplo de éxito y admiración.  ¿Por qué íbamos a ser nosotros distintos? ¿Somos una excepción? No lo creo…

¿A cuántas personas no le gustas?

Hay varias teorías que hablan de esto.

Wayne Dyer, autor de “Tus Zonas Erróneas”, sostenía que a 1 de cada 2 personas con las que te cruces no le gustarás, aunque seas maravilloso, envidiable, perfecto. De cada 20 personas, a 10 le gustarás y a otras 10 no les gustarás. Es duro y, cuanto menos, impactante, pero es posible.

Afortunadamente, tengo buenas noticias: hay algunas teorías más optimistas. Por ejemplo, la de Mercé Conangla, especialista en ecología emocional. Ella apuesta por el 10%. De cada 10 personas que te conozcan, a 1 no le gustarás y a 9 sí.

¿Por qué no gustamos a todo el mundo?

Es una cuestión de configuración mental. La tuya es tan particular y tiene tantos matices que puede considerarse única.

No hay que olvidar que cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre y que cada experiencia que vivimos influye de manera determinante en nuestra forma de percibir el mundo. Por ejemplo, tú has sido educad@ en unas circunstancias concretas; te han enseñado que unas cosas estaban bien y otras no tanto. Además, has aprendido, a base de lo que te ha ido pasando en la vida, que algunas cosas son buenas y que otras son perjudiciales. Todo esto ha configurado tu mente de una forma específica e inigualable.

La mente de tu vecino de al lado ha seguido un proceso de configuración muy similar. Sin embargo, él ha tenido otra educación y otras experiencias distintas a las tuyas. Es probable que lo que para ti es bueno, para él no lo sea tanto y viceversa.

Cuando tu haces algo de una forma, porque consideras que es la mejor (en función de lo que has vivido), es posible que para tu vecino eso sea una aberración. Entonces es cuando viene el choque. Entonces es cuando sientes que no le gustas.

Siempre habrá alguien que tenga una configuración mental distinta  a la tuya y para quien, lo que tú hagas, irá en contra de sus principios fundamentales. Otra educación, otros valores para los cuales tu perfección es un fallo.

No se trata de un rechazo a la totalidad de tu persona

Yo sé que es difícil que, cuando alguien te dice algo negativo, te quedes con que sólo se refiere a eso, pues parece que te está rechazando de pleno. Pero no, no lo está haciendo.

Cuando a alguien no le gustas o te critica, no está haciendo un rechazo a la totalidad de tu persona. Simplemente está hablando de un aspecto de ti; por ejemplo: cómo piensas con respecto a un tema, cómo vistes, cómo actúas en determinadas circunstancias, una opinión que has dado, tu forma de resolver un problema, etc. Ten esto muy presente: no se te está rechazando como persona, si no que se habla de aspectos concretos.

Es muy importante, llegados a este punto, poner el acento en la diferencia que existe entre la crítica y el rechazo. La crítica, generalmente, es constructiva, ayuda a mejorar y no implica un rechazo total; tan sólo habla de un aspecto.

Cada vez que alguien te haga alguna crítica, dale las gracias. Te está dando la oportunidad de ser mejor. Sin embargo, si eres de esos a los que la crítica les destroza, quizás deberías plantearte que estás yendo por el mundo con orejeras, pensando que no tienes nada que aprender y que nadie puede enseñarte nada.

Bien es cierto, también, que puedes encontrarte con alguien que realice constantemente críticas destructivas. Esas persona no tienen como objetivo el que mejores. Su objetivo es convertirte en una persona rechazable, pero eso no quiere decir que lo seas. Este tipo de personas siguen inconscientemente una estrategia mediante la cual ponen de manifiesto todos y cada uno de los pequeños defectos que tienes para así mostrarte que eres rechazables. ¿De verdad eres tan rechazable como piensa esa persona? A este tipo de especímenes se les denomina personas tóxicas y hay que evitarlas a toda costa.

Querer gustar a todos supone un gran desgaste

Pretender hacerlo supone un nivel de exigencia muy estresante que no todo el mundo puede soportar.

Piensa sobre lo siguiente: a lo largo del día, ¿con cuántas personas interactúas? ¿10? ¿15? ¿25? ¿Más? ¿Y cuántas veces lo haces con cada una de ellas? ¿10 veces? ¿15 veces? Podríamos tomar como válido el valor de un total de 200 interacciones al día. ¿Te das cuenta del reto que supone contentar 200 veces, día tras día, sin poder fallar ni una? Me agobio sólo de pensarlo…

Si buscas constantemente la aprobación de los demás, estás comprando muchas papeletas para fracasar y, por tanto, para frustrarte. Va a llegar un momento, más tarde o más temprano, en el que vas a fallar, porque eres human@ y, entonces, la frustración te saludará diciéndote: “¡Hola! estaba esperándote.”

¿Cómo puede afectarnos todo esto si nos obsesionamos?

Querer gustar a todo el mundo constantemente, tiene una serie de consecuencias bastante perjudiciales. La lista es muy extensa, pero creo que podemos quedarnos con las tres siguientes:

  • Si todo el tiempo quieres agradar y ser aceptado, todo el tiempo estarás tratando de adaptarte al medio. Tanta adaptación tiene una terrible consecuencia: te olvidas de lo que tú quieres hacer. Cuando buscas todo el tiempo agradar a los demás, estás condenándote a dejar de ser tú mismo. Crearás un personaje que no satisface tus necesidades, sino las necesidades de los demás. Por lo tanto, te desconectarás de ti mism@.
  • Si te obsesionas con gustar, huirás de la crítica y, por tanto, te expondrás cada vez menos. La consecuencia de esto es clara: Terminarás aislándote.
  • Si no aceptas que no puedes gustar a todo el mundo, sentirás frustración cada vez que alguien muestre su desacuerdo. Cuando uno experimenta frustración de forma constante se sume en un estado de tristeza. Y puedo asegurarte que las personas tristes no le gustan a nadie.

No te vengas abajo. Puedes hacerlo de otra forma.

Los expertos coinciden en que, para no venirnos abajo cuando no gustamos a alguien, es importante neutralizar la impresión de ofensa que tenemos cuando recibimos una crítica o cuando alguien no está conforme con algo que hacemos.

Muchos especialistas dicen que una buena manera de hacerlo es conocer otras culturas. Cuando entras en contacto con otras culturas, ves que hay mucha diversidad y observas que hay tantos matices casi como personas. Eso te ayudará a aceptar que unos te entienden, otros no, que unos te critiquen y que otros no.

Los entendidos insisten también en diferenciar entre afirmación y opinión. Una opinión es un juicio y, por tanto, algo subjetivo. Por ejemplo: ¡Qué buena persona eres! Una afirmación o es verdadera o es falsa, pero no depende de la subjetividad. Un ejemplo de afirmación: estás leyendo un texto. Si tomas una opinión como una afirmación, la convertirás en algo real.

Si seguimos hablando de opiniones, entramos en el terreno de la autoridad. Una opinión tiene mucho más peso si proviene de una figura de autoridad. Si tu jefe te dice algo negativo para ti no tiene la misma importancia que si te lo dice un desconocido. Es importante tener presente que la autoridad se la otorga uno mismo a otra persona. No es algo que la otra persona decida tener. Si eres de esas personas que otorgan autoridad a todo el mundo es muy probable que sus opiniones tengan mucho peso para ti y las conviertas en afirmaciones.

Cuando percibimos que el mundo no nos acepta, tendemos a recluirnos, volvernos menos sociales y no relacionarnos. Así no hay posibilidad de que nos rechacen. Pero, puesto que, como hemos visto, esto de gustar al mundo o no gustarle es una cuestión de percepción, la solución no consiste en evitar exponerse. Todo lo contrario. Es importante salir al mundo y vivir de otra manera, valorándonos a nosotros mismos y entendiendo que cualquier comentario no es una crítica a la totalidad. Ni siquiera Jesucristo ha tenido únicamente followers, también tuvo sus detractores y no por eso se quedó en casa lamentándose.

Sea como sea, para darle validez a un juicio emitido por otra persona, es muy importante indagar en cómo somos. Es vital conocer nuestros puntos fuertes y nuestros aspectos de mejora. Tenemos derecho a ser imperfectos y, si tenemos esto presente, no viviremos en esa constante “zozobra” que nos puede causar el no gustar.

Foto: Commuters walking across bridge (Digital Enhancement). Roy Botterell, Gran Bretaña

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