No sé qué quiero

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A veces me digo a mi mismo: “No sé qué quiero“. Y acto seguido me invade una gran frustración porque siento que paso por la vida como un zombie, un títere que no tiene control ninguno sobre su vida.

Cuando me pregunto: “¿Qué quiero?tengo la sensación de encontrarme con una barrera de 10 metros de altura infranqueable. Y, efectivamente, es justo eso lo que me encuentro: la barrera de mis pensamientos. Siento como una nube que se sitúa frente a mi cabeza y que me nubla la vista, que me hace quedarme absorto en unos pensamientos que no tienen nada que ver conmigo. Si pudiese separarme un poco y verlos a distancia me diría: “pero… ¿por qué estoy pensando estas cosas? si no tienen nada que ver conmigo…“. Si pudiese separarme un poco vería miedos, responsabilidades, dificultades, incapacidades, inseguridades…Pero… eso no soy yo… ¿Por qué lo pienso?

En ese momento soy consciente de que hay una capa de pensamientos que me está impidiendo ser yo mismo. “Si no tienen nada que ver conmigo, ¿por qué los mantengo?” Pues la verdad es que no lo sé… Tengo la sensación de que si me los quitase, pues podría ser más yo mismo, estar más agusto conmigo mismo, vaya.

Es como si hubiese 2 capas de pensamiento, como si fuese una cebolla. La primera, la que veo día a día, me roba la Energía. La segunda, la que está más profunda, me da Energía, porque son aquellas cosas que más me apetece hacer, mi motor. A la segunda no puedo acceder casi nunca. La primera está presente todo el rato. ¿Cómo quiero sentirme, entonces? Obvio. Entonces me pregunto… “¿si quitase la primera capa estaría más contento?”

Tengo la sensación de que al quitar la primera capa de pensamientos “robadores de energía” tendría un poco más de silencio mental y podría escuchar lo que quiero de verdad.

Para quitar esa primera capa de “robadores de energía”, primero tengo que ser consciente de en qué consiste. El sentido común me dice que la única forma de eliminar los elementos discordantes es saber cuáles son. Es como si tuviese que descifrar el mapa de mis pensamientos. “Vaya tarea… Pero, el que algo quiere… algo le cuesta“, me digo.

Parece como si esos pensamientos que me roban energía fuesen como auténticos seres vivos que necesitan mi energía negativa para sobrevivir. Tengo la sensación de que van a tratar de engañarme constantemente para convencerme de que es mejor que sean ellos los que dirijan mi vida. Me pondrán mil excusas para impedir que le quite el poder.

Dura batalla, pero el que algo quiere… algo le cuesta.

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