Por qué ser coach me ayuda a crecer como persona

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Parece que, en una sesión de coaching, el coach es el que aporta y el cliente es el que se lleva el beneficio para su vida personal. Pero, desde mi punto de vista, no hay nada que esté más lejos de la realidad que esta afirmación. Cada sesión de coaching personal que hago es una exploración de una parte de mí mismo, pues la persona con la que trabajo es un fiel reflejo de ese aspecto mío que quiero mejorar.

En el fondo, cuando trabajo para que la persona evolucione, de forma colateral estoy trabajando para evolucionar yo. Cada conclusión que la persona saca, de manera invariable, tiene una aplicación a ese aspecto de mi vida que necesita de más atención.

Puedo asegurar que no hay sesión tras la cual no pueda aplicarme su contenido a mí mismo. Y ya son unas cuantas como para decir que se trata de una casualidad.

Voy a usar un ejemplo para ilustrarlo: el otro día trabajé con una mujer, que durante la sesión, se dio cuenta de que la pereza era un obstáculo recurrente en su vida. Y se dio cuenta también de que esa pereza enmascaraba su miedo a fracasar: “Tengo pereza para no enfrentarme a algo que puede que no haga bien” sentenció. Y, acto seguido, dijo para colocar sus ideas: “pero, en muchas otras ocasiones del pasado, he sentido ese miedo a fracasar y seguí adelante, demostrándome que era capaz de hacerlo”.

Como suelo hacer cuando termina una sesión, al marcharse la mujer hice un resumen de lo que habíamos hablado. Dicho resumen se compone de varias preguntas que me ayudan, entre otras cosas, a saber cómo puedo mejorar yo. Una de esas cuestiones es: de todo lo que hemos visto en la sesión ¿qué puedo yo aplicar a mi vida? Tras la sesión con esta mujer, me respondí lo siguiente: “He aprendido que tiendo a posponer esas cosas con las que no me siento del todo cómodo y que lo hago para evitar dos cosas: no hacerlo bien e invertir más tiempo del previsto en la tarea”. Ya sólo por eso la sesión mereció la pena.

Y es que atraemos aquellas situaciones personas o cosas que nos ayudan a crecer. Se trata de una mera cuestión de afinidad. Tu tienes algo que a mi me ayuda a crecer y vienes a mi. Yo tengo algo que te ayuda a crecer y voy a ti. La Vida nos junta para que nos aportemos algo que nos viene bien. Ningún encuentro es fortuito.

Hay muchas razones por las que amo mi trabajo, pero ésta de la que hablo aquí es una de las más importantes. Sin embargo, esto es algo que pasa todos los días en todas las situaciones de la vida. No hace falta ser coach para crecer con el de enfrente. Cuando el otro nos cuenta un problema o cuando vemos que tiene algo que mejorar, nos está dando mucha información para que nosotros podamos crecer. Pero solemos tirarla a la basura, igual que tiramos todos los días al cubo la comida que ya no nos sirve. Ojo, que yo sé que no es fácil verse reflejado en las miserias del otro, pero:

  1. eso no quiere decir que no tengas algo que mejorar en ese aspecto que el otro te está mostrando.
  2. eso no te exime de la responsabilidad de aprovechar la oportunidad que te da la vida para crecer.

Es una mera cuestión de actitud. Si quieres crecer, lo verás. Si no quieres crecer, no querrás verlo y, por lo tanto, no lo verás.

Foto: Jesus Vallinas

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