¿Por qué los jefes son unos déspotas?

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El otro día me encontré con una afirmación que responde una pregunta que llevo haciéndome bastante tiempo. ¿Por qué aquellas personas que se encuentran en puestos directivos suelen ser unos déspotas y con poca sensibilidad hacia los demás?

Parece ser que el éxito hace que nuestro cerebro vierta al torrente sanguíneo una sustancia llamada Dopamina. Dado que nos sentimos bien bien gracias a esa sustancia, nos volvemos adictos a ella y tratamos, por tanto, de generar más. Buscamos más éxito. Cosa que está muy bien, porque así poco a poco vamos consiguiendo aquellas cosas que queremos.

Pero hay un punto en el que el cerebro se satura debido a la alta concentración de dopamina que contiene. En ese punto se puede decir que el cerebro está intoxicado y que se ha corrompido, químicamente. Ahora está obsesionado por el éxito. La búsqueda de placer se ha cronificado. En este punto, los objetivos iniciales dejan de tener sentido, llegando incluso a volvernos más egocéntricos y menos empáticos.

directivo despota

Bien es cierto que la dopamina agudiza nuestros sentidos y estimula nuestra capacidad cognitiva, permitiendo tomar decisiones de una manera mucho más rápida. De hecho, se necesitan personas con altas concentraciones de dopamina en su organismo para poder gobernar de manera adecuada colectivos, empresas e, incluso, países. Una persona sin una alta concentración de dopamina en su organismo no podría dirigir un país de una manera óptima, ya que sus capacidades cognitivas no estarían a la altura.

Un líder es una persona cuyas capacidades cognitivas son superiores a las del grupo que lidera y es capaz de tomar decisiones de manera mucho más rápida y clara que el resto del grupo. Es necesario que sea así.

Sabiendo esto, mi pregunta es: ¿es posible que un líder siga siendo empático y siga manteniendo la conexión con sus semejantes?

Sólo es posible si esa persona con altos niveles de dopamina en su cerebro es consciente de que sus capacidades se están viendo potenciadas por una sustancia química que puede corromperle y volverse en contra de su objetivo inicial.

Por eso, sólo aquellas personas con un alto grado de consciencia de sí mismas pueden gestionar con éxito un país o una gran empresa, pues sabrán frenar la acción de la droga del éxito y sabrán seguir trabajando sobre su objetivo inicial manteniendo sus capacidades cognitivas al máximo nivel.

Una persona sin un alto grado de consciencia de sí misma no puede detectar que se ha vuelto adicto a algo. Básicamente porque al no ser consciente de sí mismo no tendrá una referencia con la que compararse  y detectar que no se parece a esa referencia. Si no es consciente de sí mismo no pueden saltar las alarmas internas. Y entonces seguirá queriendo más poder y más éxito, y más poder y más éxito, y más poder y más éxito…. Y con tanto éxito saturará su cerebro de dopamina y se intoxicará, perdiendo así el objetivo inicial.

La consciencia de uno mismo se consigue a base de un trabajo interior constante y prolongado. Por lo tanto, los grandes líderes, aquellos que van a dirigir nuestros países, organizaciones y empresas deberían hacer un fuerte trabajo interior para guiar a sus pueblos en la dirección adecuada.

Albert Einstein

Este tema es muy interesante. Si quieres profundizar un poco más te recomiendo que veas el capítulo de Redes llamado “El éxito llama al éxito” en el que Eduardo Punset entrevista a Ian Robertson, profesor de Psicología del Trinity College en Dublín, y hablan largo y tendido sobre este tema.

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