Una nueva forma de hacer las cosas

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Tiempo de lectura: 3 minutos

Lee atentamente este artículo, porque hacía mucho tiempo que no sentía que lo que escribía partía de mi corazón. Últimamente, sólo salía de mi mente.

Este verano ha sido especial. Mis vacaciones han sido grandiosas. Han sido unas de las mejores desde hace mucho tiempo. Han marcado un antes y un después en mi Vida.

Sao Jorge desde Terceira

Durante los días que he pasado fuera de mi rutina he sido Yo mismo. Como consecuencia, he podido constatar que durante todo el año anterior no había sido Yo mismo, salvo durante 4 ratos. El 99% del tiempo restante he sido otro.

Te voy a contar algo que me pasó durante esos días y que provocó un vuelco en mi vida:

Un día estaba en la playa, tumbado, tomando el sol. Agusto. Como Dios. Durante ese momento eterno en el que nada, ni mi mente, me molestaba, tuve una sensación seguida se un pensamiento: “¡Qué bien estoy aquí!. No me apetece volver“. Estaba claro. Iba a pasar. En algún momento me tenía que acordar… Pero bendito el momento… Lo que vino después, supuso una revelación en toda regla. Al recordar que tenía que volver a la rutina, me visualicé volviendo a la vida que había llevado el año anterior y pensé: “bueno, tampoco es para tanto… total, son 3 meses largos hasta las vacaciones de Navidad“. Con una mezcla de conformismo y optimismo repasé mentalmente las cosas que podrían ocurrir durante esos 3 meses. No me ilusionaban en exceso.

En un momento dado del periplo mental, me dije: “Oye, espera un momento, y durante los 3 meses que faltan hasta las Navidades ¿qué? ¿No voy a disfrutar? Entonces ¿qué sentido tiene que vuelva a vivir esa vida?“. En ese instante caí en la cuenta de que llevo una vida de la que estoy deseando huir. Mis metas temporales no son otra cosa que las próximas vacaciones.

Si te ha pasado eso a ti también, estás de suerte. Sí, en serio. Ahora verás por qué.

Lo vi tan claro como cuando miras el agua de una de esas playas del mar Caribe: estaba haciendo algo mal. Pero… ¿el qué? No lo sabía. De momento.

Pasaron varios días con esa pregunta en la cabeza . Todos ellos con tal estupefacción ante el panorama que se me había plantado frente a las narices, que me era casi imposible disfrutar. Hasta que llegó la respuesta…

Un día, fui a una librería a comprar un libro. No sabía cuál. Pero sabía que tenía que comprarme un libro. Y eso hice… Comencé a leerlo nada más llegar al apartamento. En el capítulo 3 encontré la frase que consideré “la respuesta”: “Recogemos lo que sembramos. Si quieres felicidad, tienes que sembrar Felicidad“. Mi diálogo interno fue exactamente como sigue: “¡Joder, cómo puedo ser tan imbécil de no haberme dado cuenta!. He estado un año sembrando infelicidad y eso es lo que he recibido. He creado una rutina vacía, llena de malas vibraciones y de hábitos poco saludables. Una rutina colmada de reacciones de ira, de frustración y de miedo. Tuve que cambiar en su momento y no lo hice. Vaya, que he tenido lo que me he buscado. Como Juan Palomo. Yo me lo guiso y yo me lo como. Obviamente, si hago las cosas de forma diferente, obtendré otros resultados. Si mis actos tienen una semilla de felicidad, lo que recogeré será felicidad o, al menos, bienestar. Ahora bien, ¿qué cómo imprimo semillas de felicidad a mis actos?“.  Respondiendo a esa pregunta llegué a varias conclusiones:

Tengo que alejarme de personas que no me hacen sentir feliz. Si no me queda más remedio que tragármelas todos los días, pensaré que la vida las ha puesto en mi camino para aprender algo de ellas. Cuando mire a su cara todos los días trataré de ver la lección que tienen que enseñarme.

Tengo que rodearme de personas que me hagan sentir bien. Si las personas con las que paso tiempo generan en mi energía de buena vibración, eso es lo que tendré en mi interior.

No voy a juzgar. Con cada juicio que hago me lleno de malas vibraciones.

Hacer deporte, meditar, comer y dormir bien son básicos en mi día a día. Si la energía de mi cuerpo y de mi mente no es buena, es imposible que me sienta bien.

Hacer las cosas pensando en la felicidad de los demás tiene un impacto positivo en mi vida. Mi vida será diferente si la mayoría de mis acciones las enfrentase con una sonrisa, con una buena palabra o con una buena acción.

Necesito incorporar el humor a mi vida. La risa nos ayuda a salir de un estado de emociones negativas.

No voy a pensar que la competitividad es el camino. La colaboración me hace sentir mejor. Genera mejores vibraciones en mi y, por tanto, llegaré más lejos que compitiendo.

Dar, en sus diferentes formas, es la mejor manera de generar abundancia. Guardando para mi, no me renuevo.

Sin Amor, no hay Vida. Lo que no haces con Amor está vacío. Una vida sin Amor es una vida vacía

Desde que he empezado a poner estas conclusiones en práctica me he dado cuenta de que el reto no es llegar a un estado de Felicidad. El reto es mantenerse. Durante el año, seguro que todos tenemos 4 ó 5 momentos espontáneos de un estado de ánimo muy alto. Lo tendremos de manera natural, ya que el flujo de la vida, para mantenernos vivos, nos dará gratuitamente esas etapas. Lo difícil es mantenerse.

Durante todo este año, la mayoría de mis artículos y cursos estarán centrados en ayudarte a mantenerte arriba. La mejor manera de aprender algo es enseñándolo. Considero que ese conocimiento es muy valioso para mi Vida. Por eso, me centraré en enseñarte a mantenerte.

Un fuerte abrazo

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