Zambullirse en la ola

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Los acontecimientos de los últimos días y de las últimas semanas me han hecho plantearme si estamos enfocando nuestra energía en la dirección adecuada.

Estamos luchando contra un sistema basado en el dinero. Un sistema en el que unos pocos condicionan las decisiones de los políticos para que su poder y su riqueza se mantengan, primero, y, después, sigan creciendo.

Veo millones de personas en todo el mundo plantando cara a este planteamiento así como artículos de gente influyente pidiendo un cambio y pienso: “Ya tendríamos que haber conseguido algo, ¿no?” Y a uno se le enciende la bombilla y piensa: “Si yo fuese uno de estos que controlan el mundo (teniendo en cuenta que estoy podrido y que mis motivaciones radican en aumentar mi poder y que me da lo mismo el pueblo), ¿cedería mi parcela de poder?”. La respuesta es NO. Si yo fuera uno de esos poderosos pensaría: “Tengo el poder y se hace lo que yo quiero. Como quiero más poder, tengo que seguir haciendo cosas para que ese poder crezca. Hacer lo que quiere el pueblo me quita poder”. Conclusión: de momento, por mucha presión que hagamos no podemos cambiar las cosas. Mientras los que controlan estén podridos, no hay mucho que hacer.

Es algo parecido a ser un niño de 10 años y vivir en una casa con un padre autoritario que impone su criterio siempre a favor de sus intereses. ¿Crees que tienes algo que hacer? O haces lo que dice o haces lo que dice.

Por eso, creo que no estamos enfocando la energía en la dirección adecuada. Creo que se debería cambiar la estrategia. Sun Tzu, en su famoso libro, El Arte de la Guerra decía que “no libres una batalla cuando sabes de antemano que la tienes perdida“. Y es que afrontar una batalla que tienes perdida te quita soldados y mina tu moral, poniendo más en ventaja al enemigo.

La sociedad está basada en el dinero, porque los que manejan el mundo quieren que sea así. No gastemos más energía en luchar contra ello. Potenciemos que nuestro estado de ánimo mejore subiéndonos al carro del dinero y cuando estemos mejor y los “líderes” estén más relajados, poco a poco tratemos de pactar con ellos.

Cuando alguien nos presiona, tendemos a devolverle lo mismo: presión. Y cuando te presionan pero ves que tu capacidad de presionar es igual o mayor que la del otro, ¿vas a claudicar? Nunca. Tu presión aumentará. Y la del otro también. Y luego la tuya un poco más, y así sucesivamente.

Si uno analiza la situación actual, la presión es brutal por ambos bandos. Propongo relajar, porque somos el hijo que está echando un pulso al padre autoritario, aunque nos cueste aceptarlo. Propongo irnos a nuestra habitación y tumbarnos en la cama a llorar mientras pensamos que ojalá lleguen pronto los 18 años para irnos de casa, porque los 18 años llegan. De esta forma viviremos todos mucho más tranquilos.

Cuando estás en el mar y viene una gran ola, tenemos dos opciones: o le plantamos cara tratando de detenerla, lo que implica que nos va a derribar, o nos zambullimos en ella dejándonos llevar por su fuerza hasta la orilla, que es donde queremos llegar. Una vez que uno se adapta, entra en el flujo que predomina en el ambiente, y eso le permite avanzar y estar más contento (que es lo que en el fondo todos queremos).

Hay veces que perder una batalla es necesario si queremos ganar la guerra.

Las reglas del mundo en el que vivimos, nos guste o no, son estas: el dinero necesita ser movido. Necesitamos que las empresas tengan más beneficios para que puedan hacer más inversión. Para ello necesitan soltar lastre, menos empleados, porque así tendrán menos costes. Si tienen que pagar menos, tendrán más dinero para invertir. Si tienen más dinero para invertir, podrán afrontar proyectos que ahora no pueden afrontar. Generarán así más empleo.

Y ni que decir tiene que, una vez que nos abandonamos a la ola, nos interesa poner esfuerzos para generar nuestro propio dinero. Podremos dar empleo y ayudar de esta forma a mejorar la situación.

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